viernes

La 35 B

Siendo las tres de la tarde, me dispongo a ir a mi casa, y de paso hacer mi trabajo de redacción. El tráfico es fluido, o al menos eso es lo que yo pienso ingenuamente. Me despido de Pamela y de un chino que aun no se su nombre, pero que nos acompaño hasta el paradero. Subo a la 35B (bus que pasa por mi casa) y observo detenidamente a la gente subir. El bus esta casi vacío, así que dudo donde sentarme, hasta que veo a una mujer entrada en carnes que está sola en un asiento doble. Me agencio a su costado y saco mi pequeño libro “Todos los hombres del presidente”, hago como si lo estuviese leyendo y miro de reojo a la fémina que está a mi lado. Ella, con cierta cautela mira mi libro, parece interesarle, y yo, pensando que quizás también es estudiante debido a la pequeña mochila que tiene en las piernas le digo –Se trata de dos periodistas que están indagando sobre el caso Watergate, un enrollo estadunidense donde el presidente Nixon estuvo comprometido. Me mira con cierto gesto de duda y no dice nada. –Hola, soy Jefry ¿Y tú? –Yo soy María. La conversación fue fluida, conversamos de varios temas en muy poco tiempo. Tenía interés por ingresar a la Universidad San Martín, a la facultad de Derecho. Sus padres son abogados, y ella quiere seguir la línea familiar. Entre sus gusto se encontraban el hecho de salir a pasear con sus amigas y escuchar música funk.En cuanto llegamos al ovalo Sta. Anita se bajo. María vive en la residencial “Los girasoles”, cerca a Chosica, entre “El Cuadro” y Chaclacayo. Demora todos los días entre media hora y cuarenta minutos en llegar al Ovalo Sta. Anita y de ahí unos 20 minutos hasta la Facultad de Derecho de La San Martín. Últimamente ha estado yendo para allá por lo de su matrícula.

Cuando se baja del bus me quedo solo. Saco mis audífonos de mi bolsillo y me pongo a escuchar música. Generalmente este tipo de movilidad suele poner cumbia, o alguna salsa del recuerdo. La gente que sube es de todo tipo económico, desde un humilde limpiador o jardinero de parques, hasta un recién trabajador de clase media. Los cobradores por lo general son amables con las personas de edad. Cuando por fin avanza, a la altura del Centro Bancario de Sta. Anita, el bus se topa con un embotellamiento. El cobrador se pone a conversar con el chofer especulando el motivo del tráfico, y en cuestión de minutos una cola inmensa se forma atrás de nosotros. Y yo guardo los audífonos para poder tomar nota de lo que está sucediendo a mí alrededor. Un señor de unos 60 años está sentado a unos 4 asientos delante de mí, y decido ir a hacerle frente.

¿Qué tal trafico no? Uno ya no puede con este tipo de situaciones. Le digo al Señor. –Si pues hijo, justo cuando uno está apurado siempre sucede esto. Me responde. Se dirigía a un lugar en particular. Le hablo tratando de buscar conversación. –Sí, estoy yendo a la casa de mi hija, vive en el Agustino, está embarazada y necesita que la cuiden. Musita. Emilio Condori tiene 54 años, es taxista y vive en Las Viñas, por razones de desconfianza no me quiso decir exactamente donde vive. Tiene dos hijos, uno reside en Estados Unidos y la otra está casada con un mecánico. El hijo que espera su hija es el segundo, y se siente muy contento con el acontecimiento. Cuando me bajo del bus puedo percibir que las personas que viajan en los micros peruanos es muy diversa, y sea cual sea su destino, están dispuestas a hablar con uno si se sabe como entrar en la conversación.