Ayer el día comenzó con un frio acogedor. Salí apurado a la calle porque estaba llegando tarde a clases. Y es raro, porque me levante muy temprano. No se me hizo difícil despegarme de la cama, es más, para que no me diera sueño me di un duchazo de media hora. Creo que ahí fue donde se me fue el tiempo. Para esto, ya había puesto café pasando en la cafetera. Salí, freí un par de huevos (hice tortillas) y con el cuerpo medio adormecido me puse a pensar en todo lo que tenía que hacer durante el día. Arreglar mi blog personal, escribir una historia para mi blog de Fundamentos, llegar temprano a clase de radio en San Isidro y cuando termine esta, salir corriendo a la Molina para reunirme con mi grupo, hablar con Maggie sobre mi Plan de Comunicación, ir a Magenta21, llegar a mi casa, comer, hacer mis deberes, arreglar mi cuarto (que siempre está hecho un desastre), y muchas cosas más.
Ya para esto eran las de la tarde, estaba completamente agotado. Sin nada más que hacer me dirigí al internet que está cerca a mi casa. Una vez allí, abrí una página web y la quede mirando, mi mente estaba en blanco. Dirigí la mirada hacia la ventana que estaba a mi costado y el cielo estaba nublado, lo cual me hizo pensar en ese color y lo que significaba para mí. Por mucho tiempo mi vida era, o bien blanco, o bien negro. Carecía de matices. Siempre le fui esquivo a las alegrías de la vida. Todo para mí era extremo, si era negro, era completamente malo, paranoico, autista, antisocial. Cuando era blanco, era todo lo contrario. Me comportaba de manera más amigable, me fijaba en los demás, pero nunca nada me llenaba. Quizás por eso no encontraba puntos medios.
Ahora, que ya paso el tiempo, la vida me enseño a ser paciente, tolerante y consecuente. Mi tiempo termina en las cabinas, y sin haber hecho nada. No recuerdo para que fuera ahí en primer lugar. Salí, y ya era de noche, me dieron ganas de caminar por ahí, pero no lo hice. Me fui directo a mi casa. Me dirigí a mi cuarto. Una vez ahí, me recosté en la cama a ver el techo. Tan plano y descolorido. Mire por la ventana y no lograba divisar la Luna. Sabía que estaba ahí, en alguna parte del cielo, pero no sé dónde. Esta ciudad te priva de placeres tan básicos, pero a la vez, te brinda muchos otros. Cerré los ojos y no pude evitar pensar en todo lo que me había sucedido en el día. Caí en un profundo sueño y me divise en una caída libre. Una caída sin final. En linea recta. No había nubes, no había fondo, por lo cual no sabía hacia donde me dirigía. Solo caía.
Ya por la mañana, un poco agotado. Me levante para tomar desayuno, y seguir con mi monótona vida, cuando comenzó a sonar el teléfono. Era ella, una amiga muy especial. Está viniendo a lima, y quiere que la recoja en el aeropuerto. Todo cambio de un momento para otro. Ojala podamos salir a pasear.